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13 de mayo de 2011

Alicia y la tesis de la locura universal

- Pero yo no quiero estar entre locos... - comentó la niña.
- ¡Ah! Eso no puedes evitarlo - le dijo el Gato -: Aquí estamos todos locos. Yo estoy loco. Y tú también.
- ¿Y cómo sabe que estoy loca? - preguntó Alicia.
- Tienes que estarlo a la fuerza - le contestó el Gato-. De lo contrario, no estarías aquí.

Lewis Carroll: Alicia en el país de las maravillas, Cap. VI




"Es evidente que la sola consideración de la hipótesis de que el enunciado de la locura universal, puesto en boca de un sujeto, fuese verdadero instala al pensamiento en un grave aprieto. Si ese sujeto tuviese razón al sostener que todo el mundo, él incluido, está loco, ¿cómo podría decirse de él que está loco, si tiene toda la razón?"

Manuel Garrido: Introducción a la edición de Alicia en el país de las maravillas. Ed. Cátedra, 2008.


31 de enero de 2011

El jardín de las flores vivas

Alicia nunca pudo explicarse, pensándolo luego, cómo fue que empezó aquella carrera; todo lo que recordaba era que corrían cogidas de la mano y de que la Reina corría tan velozmente que eso era lo único que podía hacer Alicia para no separarse de ella; y aún así la Reina no hacía más que jalearla gritándole: «¡Más rápido, más rápido!» Y aunque Alicia sentía que simplemente no podia correr más velozmente, le faltaba el aliento para decírselo.

Lo más curioso de todo es que los árboles y otros objetos que estaban alrededor de ellas nunca variaban de lugar: por más rápido que corrieran nunca lograban pasar un solo objeto.

«--¿Será que todas las cosas se mueven con nosotras?» --se preguntó la desconcertada Alicia.

Y la Reina pareció leerle el pensamiento, pues le gritó: --¡Más rápido! ¡No trates de hablar!

Y no es que Alicia estuviese como para intentarlo, sentía como si no fuera a poder hablar nunca más en toda su vida, tan sin aliento se sentía. Y aún así la Reina continuaba jaleándola:

--¡Más! ¡Más rápido! --y la arrastraba en volandas.

--¿Estamos llegando ya? --se las arregló al fin Alicia para preguntar.

--¿Llegando ya? --repitió la Reina--. ¡Pero si ya lo hemos dejado atrás hace más de diez minutos! ¡Más rapido! --y continuaron corriendo durante algún rato más, en silencio y a tal velocidad que el aire le silbaba a Alicia en los oídos y parecía querer arrancarle todos los pelos de la cabeza, o así al menos le pareció a Alicia.

--¡Ahora, ahora! --gritó la Reina--. ¡Más rápido, más rápido!

Grabado de John Tenniel para el libro original

Y fueron tan rápido que al final parecía como si estuviesen deslizándose por los aires, sin apenas tocar el suelo con los pies; hasta que de pronto, cuando Alicia ya creía que no iba a poder más, pararon y se encontró sentada en el suelo, mareada y casi sin poder respirar.

La Reina la apoyó contra el tronco de un árbol y le dijo amablemente:

--Ahora puedes descansar un poco.

Alicia miró alrededor suyo con gran sorpresa.

--Pero ¿cómo? ¡Si parece que hemos estado bajo este árbol todo el tiempo! ¡Todo está igual que antes!

--¡Pues claro que sí! --convino la Reina--. Y ¿cómo si no?

--Bueno, lo que es en mi país --aclaró Alicia, jadeando aún bastante-- cuando se corre tan rápido como lo hemos estado haciendo y durante algún tiempo, se suele llegar a alguna otra parte...

--¡Un país bastante lento! --replicó la Reina--. Lo que es aquí, como ves, hace falta correr todo cuanto una pueda para permanecer en el mismo sitio. Si se quiere llegar a otra parte hay que correr por lo menos dos veces más rápido.


Lewis Carroll: A través del espejo y lo que Alicia encontró allí  (1871)


23 de diciembre de 2010

El gato de Cheshire














- Minino de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?

- Eso depende en gran parte del sitio al que quieras llegar - dijo el gato.

- No me importa mucho el sitio... - dijo Alicia.

- Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes - dijo el gato.

Lewis Carroll: Alicia en el país de las maravillas (1865)


1 de febrero de 2010

Los consejos de una oruga

"La Oruga y Alicia se estuvieron mirando un rato en silencio: por fin la Oruga se sacó la pipa de la boca, y se dirigió a la niña en voz lánguida y adormilada.

-¿Quién eres tú? -dijo la Oruga.

No era una forma demasiado alentadora de empezar una conversación. Alicia contestó un poco intimidada:

-Apenas sé, señora, lo que soy en este momento... Sí sé quién era al levantarme esta mañana, pero creo que he cambiado varias veces desde entonces.

-¿Qué quieres decir con eso? -preguntó la Oruga con severidad-. ¡A ver si te aclaras contigo misma!

-Temo que no puedo aclarar nada conmigo misma, señora -dijo Alicia-, porque yo no soy yo misma, ya lo ve.

-No veo nada -protestó la Oruga.

-Temo que no podré explicarlo con más claridad -insistió Alicia con voz amable-, porque para empezar ni siquiera lo entiendo yo misma, y eso de cambiar tantas veces de estatura en un solo día resulta bastante desconcertante.

-No resulta nada -replicó la Oruga.

-Bueno, quizás usted no haya sentido hasta ahora nada parecido -dijo Alicia-, pero cuando se convierta en crisálida, cosa que ocurrirá cualquier día, y después en mariposa, me parece que todo le parecerá un poco raro, ¿no cree?

-Ni pizca -declaró la Oruga.

-Bueno, quizá los sentimientos de usted sean distintos a los míos, porque le aseguro que a mi me parecería muy raro.

-¡A ti! -dijo la Oruga con desprecio-. ¿Y quién eres tú?"

Lewis Carroll: Alicia en el país de las maravillas.