13 de enero de 2018

Feliz Año Nuevo 2968


2968 - 2018

¡M'brok Asuggas Ameggaz!
¡Feliz Año Nuevo!

Departamento de Lengua castellana y Literatura

IES RUSADIR

Melilla


Según el Calendario agrícola tradicional, en estos días se inicia el año 2967. Esta fecha se calcula a partir del año del ascenso al poder del primer faraón libio en Egipto, Sheshonq I, alrededor del año 935 a. C. Fue en 1970, a propuesta de la Académie Berbère de París cuando se empezó a calcular los años del calendario agrícola (calendario bereber) partiendo del 950 a. C. (la llamada Era Sheshonq). Haciendo el sencillo cálculo de sumar 950 al año en que nos encontramos, podremos saber siempre a qué año corresponde del calendario agrícola (2018 + 950 = 2968).

En los distintos pueblos del norte de África, el primer día del año del calendario agrícola se celebra entre el 11 y el 14 de enero. En Melilla se celebró por primera vez el 12 de enero de 2010.

El calendario agrícola.

Se entiende por calendario agrícola (también llamado calendario bereber o amazigh) el calendario agrario tradicional que se usaba en las regiones del Norte de África para regular los trabajos agrícolas estacionales, en vez del calendario islámico que, por ser lunar, sin tomar en cuenta el ciclo de las estaciones del año, es útil para calcular las fiestas religiosas pero resulta inútil en la agricultura.

En los últimos años, a raíz de las reivindicaciones de los pueblos imazighen, este calendario está volviendo a cobrar fuerza, y el primer día del año se está convirtiendo en una celebración marcada por diferentes actividades culturales que traspasan las fronteras del Magreb. Actualmente se tiende a llamarlo calendario amazigh o bereber, pero no existe ningún dato fehaciente que dé por cierto que el calendario agrario sea propio de los pueblos bereberes. Por tanto, preferimos llamar a este calendario tradicional como calendario agrícola, el calendario que regula las estaciones.

El calendario agrícola tradicional deriva ciertamente del calendario juliano, introducido en África durante la dominación de Roma, como demuestran varias circunstancias:

1. Los nombres de los meses de este calendario (tanto en bereber como en árabe) derivan de los correspondientes nombres latinos:



Español
Tamazigh (Marruecos)
Francés
Inglés
Árabe
innayr
janvier
january
yennayer
xubrayr
février
february
fura(ye)r
mars
mars
march
mars
ibrir
avril
april
abril
mayyuh
mai
may
mayu
yunyu
juin
june
yunyu
yulyu
juillet
july
yulyu
ghusht
août
august
aghusht
shutanbir
septembre
september
shtamber
kṭuber
octobre
october
uktuber
duwanbir
novembre
november
nufember
dujanbir
décembre
december
dejember
 

2. El inicio del año (el primer día de innayr o yennayer) corresponde con el 14 de enero del calendario gregoriano, lo cual coincide con la diferencia que se produjo entre las fechas astronómicas y el calendario juliano.

3. La longitud del año y de cada mes es la misma del calendario juliano: tres años de 365 días seguidos por un año bisiesto de 366, sin excepciones, y meses de 30 y 31 días, con el segundo de 28 (febrero). Sin embargo, existe una divergencia: el día extra en los años bisiestos no se añade a fines del segundo mes (xubrayr) sino al final del año (dujanbir).



9 de enero de 2018

22 de diciembre de 2017

¡Felices fiestas!


¡Felices fiestas!

Departamento de Lengua castellana y Literatura

IES RUSADIR 2017 


6 de diciembre de 2017

La Europa que estamos matando

https://www.zendalibros.com/la-europa-estamos-matando/ 


Es posible que me equivoque; pero creo que a la Europa cultural, a esa antigua, formidable e interesante señora que en sus 3.000 años de memoria incluye desde Homero, Platón, Sócrates, Virgilio y aquellos fulanos –y fulanas– de entonces hasta los de hace pocos días, pasando por Shakespeare, Leonardo, Cervantes, Velázquez, Montaigne, Voltaire, Van Gogh y el resto de la peña, no la matarán el terrorismo islámico, la inmigración o la multiculturalidad; ni siquiera la pandilla de políticos semianalfabetos que legisla y trinca en Bruselas con el objetivo, que se diría deliberado, de igualarlo todo en la mediocridad y aplastar la inteligencia allí donde todavía puede brillar. En mi opinión, lo que destruye la Europa que en otro tiempo fue faro intelectual y referencia moral del mundo es el turismo de masas: la invasión descontrolada, imparable, de multitudes –entre las que nos contamos ustedes y yo– que circulan arrasándolo todo a su paso. Transformándolo, allí donde se posan como plaga de langosta, en un escenario diferente al que fue, reconvertido ahora a su, o nuestra, imagen y semejanza.

Nada puede sobrevivir, porque es imposible, a diez o veinte mil turistas arrojados de golpe por cruceros y viajes baratos –suena mejor low cost–, en un solo fin de semana sobre ciudades como Roma, Florencia, París, Madrid o Barcelona. Y no se trata únicamente del efecto de masas que las hace intransitables, complica el acceso a museos y puntos de interés, degrada el entorno, ensucia y satura. Se trata también, y sobre todo, de cómo los lugares van perdiendo poco a poco, y a veces con extraordinaria rapidez, los rasgos que los hacían singulares, adaptándose, qué remedio, a la nueva situación.

Tiendas de toda la vida, restaurantes, librerías, comercios, establecimientos que durante décadas o siglos dieron carácter local, desaparecen o se adaptan a los nuevos visitantes. Ofreciendo, naturalmente, lo que ese nuevo cliente exige, o exigimos: tiendas de souvenirs, bares y cafeterías impersonales, comida rápida y sobre todo ropa, mucha ropa. De Algeciras a Estambul, de Palermo a Oslo, de cada dos comercios que cierran y reabren, uno lo hace como tienda de ropa. O de teléfonos móviles, también, a fin de que todos podamos ir dándole con el dedo a la pantallita; e incluso enterarnos, gracias a ella, de lo que tenemos alrededor sin necesitar la tontería viejuna de mirarlo. Paseando por lugares cuya historia ignoramos, fotografiándonos ante monumentos y cuadros que nos importan un carajo, pero que se indican como parada obligatoria. Trofeo del safari.

Pienso en eso en Lisboa, sentado en la terraza de la pastelería Suiça, mientras compruebo en qué hemos convertido, también, esta hermosa ciudad hasta hace poco elegante y tranquila. Los operadores turísticos se lanzan ahora sobre Portugal, y todo está lleno de gente en calzoncillos que bloquea las calles caminando tras guías políglotas que levantan en alto banderitas y paraguas de colores. Eso trae dinero, claro. A ver quién se resiste a eso, así que toda Lisboa está en fase de adaptarse a los nuevos tiempos y las nuevas gentes. No hay un taxi libre, ni una mesa en un café. Los abueletes que necesitan subir al Barrio Alto ya no pueden utilizar el elevador de Santa Justa, porque colas enormes de turistas aguardan turno para subir en él y hacerse una foto. Frente a La Brasileira, docenas de guiris que ni saben quién fue Pessoa ni les importará jamás se retratan junto a la estatua del escritor que, de verse tan sobado, se ciscaría en su puñetera madre. Y el barrio de Alfama, donde antes te atracaban de noche como Dios manda, y podías pasear a oscuras sólo si te arriesgabas a ello, ahora rebosa de locales de fado, con ingleses y alemanes preguntando dónde pueden comer la típica paella portuguesa.

Esto es hoy Lisboa. En la vieja Suiça, donde intento leer tranquilo, un grupo de anglosajones especialmente escandaloso y bestial bebe alcohol, grita, canta y maltrata al veterano camarero de chaquetilla blanca. Harto de esos animales, entristecido por la suerte de la ciudad antigua y señorial, me levanto y ocupo una mesa que ha quedado libre en el extremo opuesto de la terraza. Al poco se acerca el camarero, trayendo mi bebida. Entonces miro hacia aquellos escandalosos hijos de puta y le digo al camarero: «He tenido que venir a una mesa que esté lejos». Y el camarero, con ademán triste y elegante de viejo lisboeta, se encoge de hombros, sonríe melancólico y responde: «Ya no hay mesas lo bastante lejos».

Publicado el 3 de diciembre de 2017 en XL Semanal.

3 de diciembre de 2017

Entrevista a... Antonio Molina

Licenciado en Matemáticas y Filosofía, ha sido Jefe del departamento de Actividades Complementarias y Extraescolares y Jefe de Estudios del IES Rusadir. Colabora habitualmente con la prensa local y también escribe un artículo mensual para nuestro periódico. Es uno de los profesores más queridos del instituto y, por si fuera poco, este curso es tutor de la mayoría de los componentes del taller del periódico. Aquí tienes nuestra entrevista al profesor Antonio Molina Burgos.


El profesor Antonio Molina Burgos

Pregunta: Desde que comenzamos a publicar el periódico, colaboras con nosotros escribiendo un artículo cada mes. ¿A qué se debe esto?

Antonio Molina: Se debe a que soy de la opinión de que las capacidades de cada uno hay que ponerlas al servicio de los demás. A mí se me da aceptablemente bien escribir, y me gusta llegar a los niños y enseñarles las pocas cosas que yo he podido aprender.

¿De dónde sacas las ideas para los artículos que publicas?

Los artículos los publiqué durante un año, de noviembre de 2015 a noviembre de 2016. Algunos de ellos se basaban en noticias de la actualidad de entonces, pero la mayoría – que son los que me gustan más– se basan en anécdotas que me ocurrieron, a partir de las cuales pude reflexionar y buscar un poquito de “hondura” sobre lo que me sucedió.

¿Por qué casi todos tus artículos tienen que ver con la Ética?

Porque nos falta Educación ética. Hace mucho, me preguntó un amigo abogado por qué los nazis hicieron lo que hicieron y pudieron aceptarlo a pesar de que había muchos médicos y científicos entre ellos. La respuesta que le di fue que les faltó educación ética. Aunque seamos médicos, ingenieros o nosotros, los profesores, si no tenemos al menos un poco de educación ética, no vale de nada.

¿Crees que tus artículos han influido sobre el comportamiento de algunos alumnos?

Bueno, en su día pensé que el que los leyera podría sacar algo de provecho, pero cada vez pienso más que me sirvieron a mí, y con eso me basta.

En relación con la Ética, ¿qué opinas de la convivencia entre varias culturas en Melilla?

Es una pregunta muy interesante. Me parece que una palabra importante en este sentido puede ser identidad. Si nosotros mismos nos limitamos a pensar que somos una sola cosa, es más fácil que aparezca algún conflicto. Por ejemplo, yo no soy solamente vuestro profesor, ni el marido de mi mujer, ni el padre de mi hijo… Yo soy muchas cosas. Si pienso que soy solo una cosa y alguien no coincide conmigo, puedo pensar que es mi enemigo. Creo que es importante que enriquezcáis vuestra identidad, y yo la mía también, para que no seamos una cosa sola.

¿Qué opinas sobre el periódico Rusadir en acción? ¿Cómo crees que podría mejorar?

Me parece que podrían colaborar más profesores. A mí me encanta colaborar con el periódico; de hecho, ya tengo pensados los dos próximos artículos. Creo que debería participar más variedad de profesores, y debo decir que siento mucha envidia de vosotras, porque yo, cuando estudiaba en el instituto, me dedicaba solamente a estudiar. Sin embargo, vosotras no. Tenéis mucho mérito.


De izquierda a derecha: Soraya Mohamed, Roumaissa Daouari, Kauzar Mohamed, el profesor Antonio Molina, Sara Hartit, Amal El Hanafi y Hajar Jaber.

 Además de escribir tus artículos en el periódico del IES Rusadir, también has colaborado con otros periódicos de Melilla. ¿Cómo fue esta experiencia?

Al comienzo, escribía artículos y los enviaba a todos los periódicos de Melilla. Pero la colaboración que dio fruto al libro Contra el viento fue solo con El Faro, porque la Directora me llamó y me pidió que escribiera un artículo semanal todos los domingos para ellos exclusivamente. Me pareció una labor interesante y estimulante, y estuve un año escribiendo para ellos. Intenté ser útil para los demás, y duró hasta que ya me cansé. Un año entero pensando temas interesantes sobre los que escribir, cansa.

¿Qué te parece la convivencia en el IES Rusadir?

Dentro del instituto hay muchos institutos. Incluso dentro de la clase de 4º A podemos decir que hay varios grupos. Por eso hablar de los problemas “del instituto” es muy difícil. A mí me parece que el problema más grande es que hay muchos alumnos que están demasiado solos por las tardes. Casi abandonados, me atrevería a decir. Ese es el problema.

¿Te gustaría volver a ser Jefe de estudios o prefieres seguir siendo solo profesor?

Yo colaboraré con el Equipo directivo del instituto hasta que ellos quieran, pero prefiero seguir tal como estoy.

Además de Jefe de estudios tuviste otros cargos, ¿no?

Solo fui Jefe de estudios adjunto y antes, Jefe del departamento de Extraescolares. Llevo en el instituto diez años, y siete de ellos he tenido cargos; yo creo que no está mal. Ahora soy tutor vuestro y estoy contentísimo. 

¿Te planteas ser profesor de Filosofía?

Para eso me tendría que “habilitar” de Filosofía, es decir, presentarme a unas oposiciones de Filosofía, que no creo que las convoquen en Melilla de aquí a muchos años. Pero creo que no voy a querer dar Filosofía nunca. Prefiero ser profesor de Matemáticas y divertirme con la Filosofía por las tardes. 

¿Por qué no quieres?

En realidad, creo que las Matemáticas son más fáciles de explicar. Y casi ningún alumno piensa de los profesores de Matemáticas que estamos locos. En cambio, de los de Filosofía… (Risas). 

¿Qué te animó a realizar estos estudios?

En realidad, fue culpa de mi padre. Cuando acabé en el instituto, yo le dije que quería estudiar Filosofía, pero mi padre me contestó que no, que tenía que estudiar algo “serio”. Mi hermano estaba estudiando entonces Física, de hecho es profesor de Física, y yo aprovechaba para ojear algunos libros suyos de Matemáticas. Me gustaron, por eso decidí estudiar Matemáticas. Pero cuando aprobé las oposiciones, me vengué y estudié Filosofía.

¿Qué tiene de especial para ti esta materia?

Que tiene más preguntas que respuestas.

¡Muchas gracias!


Roumaissa Daouari, Amal El Hanafi, Sara Hartit, Soraya Mohamed y Kauzar Mohamed / Redacción


Publicado en Rusadir en acción, nº 15. Noviembre 2017.

2 de diciembre de 2017

¿Conoces el programa PMAR?

El Programa de Mejora del Aprendizaje y Rendimiento (2º y 3º ESO), es una vía creada con el fin de facilitar el acceso del alumnado a 4º curso y la obtención del Título de ESO. Sin embargo, PMAR es un gran desconocido para la inmensa mayoría de los alumnos del IES Rusadir. Por eso hemos decidido dirigirnos a las profesoras Ana Mª Pérez y Elena Sánchez, tutoras de 1º y 2º PMAR respectivamente, para preguntarles todas las cuestiones que se nos plantean acerca de este programa.



De izquierda a derecha: Dunia Mohamed, la profesora Elena Sánchez, Ibrahim El Haddouchi,
 Mohamed Amin Abdelkader y la profesora Ana Mª Pérez




¿Qué es PMAR? ¿En qué consiste este programa?

Prof. Ana: Es un programa de mejora del aprendizaje y rendimiento de alumnos de 2º y 3º ESO. Realmente la finalidad que tiene es intentar que algunos alumnos que tienen ciertas dificultades en el aprendizaje terminen promocionando a 4º ESO y así poder obtener el Título de Educación Secundaria Obligatoria.

¿Qué tipo de alumnado puede entrar en el programa PMAR?

Prof. Elena: Tienen que haber repetido algún curso en Primaria o Secundaria. Se trata de alumnos trabajadores, de buen comportamiento, que muestran interés, pero a los que les cuesta seguir el ritmo de las clases en un grupo más numeroso. Una vez que terminan el programa, acceden a 4º curso como cualquier otro alumno.

¿Qué hace distinto a un grupo de PMAR con respecto a otros grupos del mismo curso?

Prof. Ana: El grupo de PMAR es menos numeroso que los demás. Y como ya ha comentado Elena, los alumnos deben mostrar interés por los estudios, buen comportamiento y también es cierto que tienen ciertas dificultades en el aprendizaje que les hacen ir más despacio respecto al alumnado que está en otros grupos.

¿Por qué en PMAR un mismo profesor o profesora da distintas asignaturas?

Prof. Elena: En PMAR, los contenidos están organizados por ámbitos, no por asignaturas. Tenemos tres ámbitos: Sociolingüístico, Científico-Matemático y el ámbito de Lengua extranjera. Cada profesor da un ámbito. En mi caso, doy Matemáticas, Física y Química y Biología. Organizar los contenidos por ámbitos y que el mismo profesor imparta clases de varias asignaturas tiene una gran ventaja, y es el vínculo que se establece con los alumnos. Al estar más horas juntos, se establece un vínculo más fuerte con ellos porque puedes conocerlos mejor.

Aprendimos muchas cosas durante la entrevista

¿Por qué si suspendes una asignatura como Lengua o Matemáticas suspendes todas las de ese ámbito? ¿Tiene que ver con que sea el mismo libro para varias asignaturas?

Prof. Ana: Claro que tiene que ver. En mi caso, yo doy Ámbito Sociolingüístico, y tenemos un único libro. Es cierto que en unas sesiones damos Lengua y en otras damos Historia o Sociales, pero todas son el mismo ámbito. Esto es por lo que los alumnos de PMAR se quejan más: por qué si suspenden una sola asignatura suspenden todo el Ámbito. Pero en nuestra Programación está establecido así. Realmente los alumnos de PMAR no estudian asignaturas independientes, sino que estudian todo un ámbito de forma global, y también lo aprueban o lo suspenden de forma global. 

En principio, la mayoría de los alumnos seleccionados para PMAR no quieren entrar en este programa. Sin embargo, una vez dentro, todos prefieren PMAR al resto de los grupos de la ESO. ¿Por qué ocurre esto? 

Prof. Elena: Realmente influyen varias cosas. En primer lugar, PMAR, igual que ocurría antes con los grupos de Diversificación, tiene la “mala fama” de ser un programa para alumnos con menos nivel competencial o de conocimientos que los demás. Además, los alumnos quieren continuar la ESO en el mismo grupo donde está el resto de sus compañeros, y son reticentes a la hora de cambiar de grupo con otros alumnos a los que quizás no conocen. 

Una vez que están en los grupos de PMAR, se dan cuenta de que al ser grupos mucho menos numerosos que los otros, la enseñanza que reciben está mucho más individualizada, se les puede atender y también ellos trabajan mejor a un ritmo que les resulta más adecuado.

¡Muchas gracias, profesoras!


Dunia Mohamed, Ibrahim El Haddouchi y Mohamed Amin Abdelkader  /  Redacción


Publicado en Rusadir en acción, nº 15. Noviembre 2017.