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19 de diciembre de 2010

Espejo negro

Dos cuerpos que se acercan y crecen
y penetran en la noche de su piel y su sexo,
dos oscuridades enlazadas
que inventan en la sombra su origen y sus dioses,
que dan nombre, rostro a la soledad,
desafían a la muerte porque se saben muertos,
derrotan a la vida porque son su presencia.
Frente a la vida sí, frente a la muerte,
dos cuerpos imponen realidad a los gestos,
brazos, muslos, húmeda tierra,
viento de llamas, estanque de cenizas.

Frente a la vida sí, frente a la muerte,
dos cuerpos han conjurado tercamente al tiempo,
construyen la eternidad que se les niega,
sueñan para siempre el sueño que les sueña.
Su noche se repite en un espejo negro.

Juan Luis Panero


Juan Luis Panero Blanc nació en 1942. Hijo del poeta Leopoldo Panero (1909–1962) y Felicidad Blanc (1913–1990), hermano del poeta Leopoldo María Panero (1948) y Michi Panero (1951–2004) y sobrino del poeta Juan Panero (1908–1937), creció en el seno de una familia acomodada. Recibió una esmerada educación, primero en El Escorial y luego en Londres. Su espíritu rebelde y viajero lo llevó a deambular por diferentes países de América, dándole la oportunidad de conocer a grandes escritores como Octavio Paz, Jorge Luis Borges y Juan Rulfo entre otros.

Su poesía completa (1968–1996) está recogida en un volumen de la editorial Tusquets y algunas de sus conferencias, en particular la que recoge su relación con Luis Cernuda, están incluidas bajo el título de «Páginas sobre cine y poesía» en el libro Después de tantos desencantos. Vida y obra poéticas de los Panero, de Federico Utrera (2008).

Ha preparado además antologías de poetas como Leopoldo Panero, Pablo Neruda y Octavio Paz y ha reunido selecciones de Poesía colombiana (1880–1980) y Poesía mejicana contemporánea. Vive en Gerona desde 1985.

(Fuente: Wikipedia)

A la mañana siguiente Cesare Pavese no pidió el desayuno

Solo bajó del tren,

atravesó solo la ciudad desierta,

solo entró en el hotel vacío,

abrió su solitaria habitación

y escuchó con asombro el silencio.

Dicen que descolgó el teléfono

para llamar a alguien,

pero es falso, completamente falso.

No había nadie a quien llamar,

nadie vivía en la ciudad, nadie en el mundo.

Bebió el vaso, las pequeñas pastillas,

y esperó la llegada del sueño.

Con cierto miedo a su valor

-por vez primera había afirmado su existencia-

tal vez curioso, con cansado gesto,

sintió el peso de sus párpados caer.

Horas después -una extraña sonrisa dibujaba sus labios-

se anunció a sí mismo, tercamente,

la única certidumbre que al fin había adquirido:

jamás volvería a dormir solo en un cuarto de hotel.


Juan Luis Panero (De Los trucos de la muerte, 1975)





La muerte y sus disfraces

Un viejo en camiseta, sudoroso y solitario,
espera, como todos los atardeceres,
que la noche o la muerte lleguen,
mientras se abanica incansable frente al televisor.
En su tejado –el viejo lo ignora- una paloma,
aplastada por el calor, la enfermedad o la vejez,
resbala y tropieza, intentando inútilmente levantar el vuelo,
hasta derrumbarse, montón de plumas polvorientas,
entre las rojas tejas de latón.
Enfrente, bebiendo en la terraza, contemplo el espectáculo
de su común miseria, de su desolación,
pero ¿qué vio la paloma antes de caer?
y sobre todo, ¿qué es lo que ve el viejo
cuando a veces mira, disimuladamente, mi terraza?

Juan Luis Panero