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19 de mayo de 2011

Las liebres y las ranas

Se reunieron un día las liebres y se lamentaban entre sí de llevar una vida tan precaria y temerosa, pues, en efecto, ¿no eran víctimas de los hombres, de los perros, de las águilas, y otros muchos animales? ¡Más valía morir de una vez que vivir en el terror!

Tomada esta resolución, las rápidas liebres marcharon hasta el borde de una profunda laguna, con la intención de arrojarse de cabeza y suicidarse. Pero cuando se habían acercado, unas ranas miedosas que estaban tomando el fresco gritaron:
- ¡Al agua! ¡Que vienen las liebres! ¡Sálvese quien pueda!

La liebre más vieja dijo entonces, con voz tranquila a sus hermanas jóvenes:
- No hay por qué matarse: las ranas son más cobardes que nosotras, y sobreviven.

ESOPO



15 de marzo de 2011

El león y el ratón

Una vez, un león atrapó a un ratoncito. Lo tenía entre sus garras y abría la boca para comérselo cuando el ratoncito suplicó:
- Por favor, león, rey de los animales, señor de la selva, ¡no me comas! Apenas soy un bocadito. Si me dejas ir, algún día podré ayudarte.
El león lo miró asombrado y se echó a reír:
- ¿Ayudarme, una cosita tan débil y pequeña como tú? Me das tanta risa que, por esta vez, no te comeré.
Y lo dejó en libertad.

Pasó el tiempo. Un día, el león, rey de los animales y señor de la selva, cayó en una trampa que le habían tendido los hombres. Lo tapó una red muy gruesa y allí quedó atrapado, rugiendo de rabia. El ratoncito escuchó sus rugidos y corrió hasta él. Entonces, con sus buenos dientes de ratón, empezó a roer la soga.
Mordisqueó, masticó y tironeó. Mordisqueó, masticó y tironeó hasta que la soga se rompió. ¡Y el león pudo salir por el boquete y librarse de la trampa!


Ese día, el señor de la selva, el rey de los animales, aprendió que todos, hasta los más débiles y pequeñitos, pueden ayudarnos.

ESOPO


Fábula de la zorra y el cuervo

Un cuervo robó a unos pastores un pedazo de carne y se retiró a un árbol.

Lo vio una zorra, y deseando apoderarse de aquella carne empezó a halagar al cuervo, elogiando sus elegantes proporciones y su gran belleza, agregando además que no había encontrado a nadie mejor dotado que él para ser el rey de las aves, pero que lo afectaba el hecho de que no tuviera voz.

El cuervo, para demostrarle a la zorra que no le faltaba la voz, soltó la carne para lanzar con orgullo fuertes gritos.

La zorra, sin perder tiempo, rápidamente cogió la carne y le dijo:

- Amigo cuervo, si además de vanidad tuvieras entendimiento, nada más te faltaría realmente para ser el rey de las aves.

(ESOPO)

Moraleja: Cuando te adulen, es cuando con más razón debes cuidar de tus bienes.





En la rama de un árbol,
bien ufano y contento,
con un queso en el pico
estaba el señor Cuervo.

Del olor atraído
un Zorro muy maestro,
le dijo estas palabras,
o poco más o menos:

“Tenga usted buenos días,
señor Cuervo, mi dueño;
vaya que estáis donoso,
mono, lindo en extremo;
yo no gasto lisonjas,
y digo lo que siento;
que si a tu bella traza
corresponde el gorjeo,
junto a la diosa Ceres,
siendo testigo el cielo,
que tú serás el Fénix
de sus vastos imperios.”

Al oír un discurso
tan dulce y halagüeño,
de vanidad llevado,
quiso cantar el Cuervo.

Abrió su negro pico,
dejó caer el queso;
el muy astuto zorro,
después de haberlo preso,
le dijo : “Señor bobo,
pues sin otro alimento,
quedáis con alabanzas
tan hinchado y repleto,
digerid las lisonjas
mientras yo como el queso".

Quien oye aduladores,
nunca espere otro premio.

Félix María Samaniego

14 de marzo de 2011

El ciervo, el manantial y el león


Agobiado por la sed, llegó un ciervo a un manantial. Después de beber, vio su reflejo en el agua. Al comtemplar su hermosa cornamenta, sintióse orgulloso, pero quedó descontento por sus piernas débiles y finas.

Sumido aún en estos pensamientos, apareció un león que comenzó a perseguirle. Echó a correr y le ganó una gran distancia, pues la fuerza de los ciervos está en sus piernas y la del león en su corazón.

Mientras el campo fue llano, el ciervo guardó la distancia que le salvaba; pero al entrar en el bosque sus cuernos se engancharon a las ramas y, no pudiendo escapar, fue atrapado por el león. A punto de morir, exclamó para sí mismo:

- ¡Desdichado! Mis pies, que pensaba me traicionaban, eran los que me salvaban, y mis cuernos, en los que ponía toda mi confianza, son los que me pierden.

Moraleja: Muchas veces, las personas que consideramos más indiferentes, son quienes nos ayudan cuando tenemos problemas, mientras que los que nos adulan ni siquiera se asoman.


ESOPO:
Se supone que fue un famoso escritor de fábulas de la Grecia antigua. No está probada su existencia como persona real.

Diversos autores posteriores sitúan en diferentes lugares su nacimiento, y la descripción de su vida también es contradictoria, aunque todos ellos coinciden en que vivió alrededor del 600 a. C.

Las fábulas de Esopo derivan de los relatos populares y son consideradas por algunos autores como una verdadera sátira social.

En la antigüedad, las fábulas de Esopo se utilizaron como libro de texto en las escuelas, y su figura se vio rodeada de elementos fantásticos y leyendas.

El asno y la carga de sal

Junto a la orilla de un río caminaba un asno al que su amo había cargado con dos grandes sacos de sal. De pronto, pisó mal, resbaló y cayó al agua. El agua penetró en los sacos y disolvió la sal. El asno, aliviado de su carga, salió rápidamente del río muy contento de sentirse tan ligero y liviano.


Poco tiempo después, el mismo asno llevaba sobre su lomo una carga de esponjas. Caminaba tranquilamente cuando de pronto vio interrumpido su camino por otra corriente de agua. Entonces el asno se dijo convencido de que su razonamiento era muy inteligente: 

—Esta carga pesa bastante. Si me meto en el río, ocurrirá lo mismo que la vez pasada y yo saldré mucho más liviano que cuando entré. 

Se hundió a propósito en el agua, pero en esta ocasión las esponjas absorbieron el líquido y la carga fue tan pesada que por más esfuerzos que hizo, no pudo salir a flote y murió ahogado.

Moraleja: Haciendo trampas para evitar nuestra obligación, sólo conseguiremos perjudicarnos a nosotros mismos.

ESOPO



16 de diciembre de 2010

La mosca

Cayó una mosca en una olla llena de carne. A punto de ahogarse en la salsa, exclamó para sí misma:

-Comí, bebí y me bañé; puede venir la muerte, no me importa ahora.

Esopo

1 de agosto de 2010

El león y la liebre

Un león que había encontrado una liebre dormida se disponía a devorarla. Pero, al ver pasar de pronto un ciervo, dejó la liebre y lo persiguió. Pues bien, la liebre se despertó por el ruido y huyó. El león, después de perseguir al ciervo mucho rato y no poder cogerlo, se volvió por la liebre. Y al encontrar que también ella había huido, dijo:

“Es justo lo que me pasa, porque dejé la comida que tenía en mi poder y preferí una esperanza mayor”
.

Esopo. Fábulas.