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19 de abril de 2012

Me caigo y me levanto

Nadie puede dudar de que las cosas recaen. Un señor se enferma, y de golpe un miércoles recae. Un lápiz en la mesa recae seguido. Las mujeres, cómo recaen. Teóricamente a nada o a nadie se le ocurriría recaer pero lo mismo está sujeto, sobre todo porque recae sin conciencia, recae como si nunca antes. Un jazmín, para dar un ejemplo perfumado. A esa blancura, ¿de dónde le viene su penosa amistad con el amarillo? El mero permanecer ya es recaída: el jazmín, entonces. Y no hablamos de las palabras, esas recayentes deplorables, ni de los buñuelos fríos, que son la recaída clavada.

Contra lo que pasa se impone pacientemente la rehabilitación. En lo mas recaído hay siempre algo que pugna por rehabilitarse, en el hongo pisoteado, en el reloj sin cuerda, en los poemas de Pérez, en Pérez. Todo recayente tiene ya en sí un rehabilitante pero el problema, para nosotros los que pensamos nuestra vida, es confuso y casi infinito. Un caracol segrega y una nube aspira; seguramente recaerán, pero una compensación ajena a ellos los rehabilita, los hace treparse poco a poco a lo mejor de sí mismos antes de la recaída inevitable. Pero nosotros, tía, ¿cómo haremos, cómo nos daremos cuenta de que hemos recaído si por la mañana estamos tan bien, tan café con leche, y no podemos medir hasta dónde hemos recaído en el sueño o en la ducha? Y si sospechamos lo recayente de nuestro estado, ¿cómo nos rehabilitaremos? Hay quienes recaen al llegar a la cima de una montaña, al terminar su obra maestra, al afeitarse sin un solo tajito; no toda recaída va de arriba a abajo, porque arriba y abajo no quieren decir gran cosa cuando ya no se sabe dónde se está. Probablemente Ícaro creía tocar el cielo cuando se hundió en el mar epónimo, y Dios te libre de una zambullida tan mal preparada. Tía, ¿cómo nos rehabilitaremos?

Hay quien ha sostenido que la rehabilitación sólo es posible alterándose, pero olvidó que toda recaída es una desalteración, una vuelta al barro de la culpa. En efecto somos lo más que somos porque nos alteramos, salimos del barro en busca de la felicidad y la conciencia y los pies limpios. Un recayente es entonces un desalterante, de donde se sigue que nadie se rehabilita sin alterarse. Pretender la rehabilitación alterándose es una triste redundancia: nuestra condición es la recaída y la desalteración, y a mi me parece que un recayente debería rehabilitarse de otra manera, que por lo demás ignoro. No solamente ignoro eso sino que jamás he sabido en qué momento mi tía o yo recaemos. ¿Cómo rehabilitarnos, entonces, si a lo mejor no hemos recaído todavía y la rehabilitación nos encuentra ya rehabilitados? Tía, ¿no será ésa la respuesta, ahora que lo pienso? Hagamos una cosa: usted se rehabilita y yo la observo. Varios días seguidos, digamos una rehabilitación continua, usted está todo el tiempo rehabilitándose y yo la observo. O al revés, si prefiere, pero a mi me gustaría que empezara usted, porque soy modesto y buen observador. De esa manera, si yo recaigo en los intervalos de mi rehabilitación, mientras que usted no le da tiempo a la recaída y se rehabilita como en un cine continuado, al cabo de poco nuestra diferencia será enorme, usted estará tan por encima que dará gusto. Entonces, yo sabré que el sistema ha funcionado y empezaré a rehabilitarme furiosamente, pondré el despertador a las tres de la mañana, suspenderé mi vida conyugal y las demás recaídas que conozco para que sólo queden las que no conozco, y a lo mejor poco a poco un día estaremos otra vez juntos, tía, y será tan hermoso decir: "Ahora nos vamos al centro y nos compramos un helado, el mío todo de frutilla y el de usted con chocolate y un bizcochito".


Julio Cortázar 



Voz de Julio Cortázar

3 de marzo de 2011

Platero y yo

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.

Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: "¿Platero?", y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...

Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel...

Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra... Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
— Tiene acero...

Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.

Juan Ramón Jiménez: Platero y yo 





14 de junio de 2010

Camello declarado indeseable

Aceptan todas las solicitudes de paso de frontera, pero Guk, camello, inesperadamente declarado indeseable. Acude Guk a la central de policía donde le dicen nada que hacer, vuélvete a tu oasis, declarado indeseable inútil tramitar solicitud. Tristeza de Guk, retorno a las tierras de infancia. Y los camellos de familia, y los amigos, rodeándolo y qué te pasa, y no es posible, por qué precisamente tú. Entonces una delegación al Ministerio de Tránsito a apelar por Guk, con escándalo de funcionarios de carrera: esto no se ha visto jamás, ustedes se vuelven inmediatamente al oasis, se hará un sumario.

Guk en el oasis come pasto un día, pasto otro día. Todos los camellos han pasado la frontera, Guk sigue esperando. Así se van el verano, el otoño. Luego Guk de vuelta a la ciudad, parado en una plaza vacía. Muy fotografiado por turistas, contestando reportajes. Vago prestigio de Guk en la plaza. Aprovechando busca salir, en la puerta todo cambia: declarado indeseable. Guk baja la cabeza, busca los ralos pastitos de la plaza. Un día lo llaman por el altavoz y entra feliz en la central. Allí es declarado indeseable. Guk vuelve al oasis y se acuesta. Come un poco de pasto, y después apoya el hocico en la arena. Va cerrando los ojos mientras se pone el sol. De su nariz brota una burbuja que dura un segundo más que él.

Julio Cortázar: Historias de cronopios y de famas.

Caricatura de Julio Cortázar


Historias de cronopios y de famas (1962) es una obra surrealista del escritor argentino Julio Cortázar. En la obra se distinguen tres tipos de seres por sus actitudes: los cronopios, que corresponden a los seres que se encuentran al margen de los sucesos descritos, como los poetas y los asociales; los famas, muy distintos de los cronopios, seres importantes y formales que defienden el orden establecido (presidentes, magistrados etc.) Finalmente tenemos a los esperanzas que son personajes intermedios que se dejan llevar tanto por cronopios como por famas.

Esta obra se caracteriza esencialmente por ser escrita a base de "cuadros", cuentos cortos y con un surrealismo que invita al desarrollo de la imaginación.

13 de junio de 2010

Hay que amar a las vacas


Hay que amar a las vacas -nos dice Chagall alargando el hocico, sin duda porque abrevaba en el Don, y su abuela, por parte de la misma, había sido una hermosa cornúpeta, robada por los rusos a unos mercaderes kirguises-. Hay que quererlas mucho. Para mí, el universo entero está poblado de ellas. Mire, si por la noche abro una ventana, las veo tristes sobre los tejados vecinos, paciendo la fina hierba que ha hecho brotar al borde el agua corriente de los canales. La luna congelada de Rusia está llena de vacas. De los establos humildes y nevados ascienden en manadas, camino de la Vía Láctea y los luceros.

En una aldea del Cáucaso, dos novios que dormían fueron raptados por una y ascendidos hasta más allá de las nubes. Era una vaca azul manchada de blanco y con los cuernos en forma de herradura. Durante unas navidades en Crimea, fueron también las vacas las que a las doce en punto de la noche tocaron las campanas de toda la península. Desde las plazoletas ateridas, el pueblo se reía, inocente, viendo cómo los campanarios se habían vuelto cornudos para celebrar el nacimiento del Niño Dios. Sí, hay que amar a las vacas.
(...)


Rafael Alberti: “París-Chagall”. Publicado en El Sol, Madrid, 1931.

Vaquitas de Sumiya Salmi (EAMM Melilla, 2009)



16 de marzo de 2010

Flor y cronopio


Un cronopio encuentra una flor solitaria en medio de los campos. Primero la va a arrancar, pero piensa que es una crueldad inútil y se pone de rodillas a su lado y juega alegremente con la flor, a saber: le acaricia los pétalos, la sopla para que baile, zumba como una abeja, huele su perfume, y finalmente se acuesta debajo de la flor y se duerme envuelto en una gran paz.

La flor piensa: “Es como una flor”.

JULIO CORTÁZAR: Historia de cronopios y de famas.


Julio Cortázar en París, en 1968


16 de enero de 2010

Maldición literaria


Yo te maldigo. Ojalá que las cuencas de tus ojos se llenen de tierra y los huesos de tus caderas se dispersen después de los gusanos. Que bebas el vino agrio y sin tasca popular. Que tus hijos renieguen de ti. Que la carcoma no se apiade de tus libros. Que, mientras duermas, no sueñes. Que te sepa el arroz a salado. Que te llegue la vejez anticipada con miedo a la muerte y regusto de hernias. Que la fingida suavidad de tus palabras se aproxime al insano carraspeo de tus versos. Y que tus libros, que todo el mundo compró porque estaban de moda, aparezcan como una lectura obligatoria en todos los programas de enseñanza secundaria. Amén.

Manuel García: Poemas para perros.


Manuel García (Huéscar, Granada, 1966) ama los libros, a los que se dedica en casi todas sus facetas posibles: escritor, encuadernador, editor y profesor de Lengua y Literatura. Como poeta ha publicado Estelas Sabor a sombras (1999), Cronología del mal (2002), La mirada de Ulises (2006), y Poemas para perros. Colabora en varias revistas como crítico literario y ensayista.

Poemas para perros es un poemario “duro”, en el que el autor, desde el lirismo, apunta directamente a la conciencia del lector y aborda temas de honda preocupación social.

Maldición literaria es una breve lección de ironía y crítica literaria y un curioso ejemplo de prosa poética, que el autor mezcla con el verso por primera vez en este libro.


Puedes encontar más información sobre Manuel García en su web: http://www.pointdelunettes.com