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7 de noviembre de 2017

Uso y abuso de las siglas

Leo en La Opinión de hoy: “La CAM solicita el apoyo del FROB ante la CNMV”. Afortunadamente, en el artículo se explica el significado para los no iniciados. Hombre, CAM es fácil, CNMV medio fácil, y FROB requiere un poquito más de esfuerzo, un ciudadano medio no tiene por qué saber qué es el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria, qué quieren que les diga. El caso es que este artículo me ha llevado a pensar en el enorme uso, rayando en el abuso, de las siglas, y las abreviaturas, hoy en día. Me precio de tener un nivel cultural aceptable, pero en muchas ocasiones, sobre todo cuando el periodista da por supuesto que todo el mundo sabe su significado, no me ha quedado más remedio que consultar las siglas que pueblan titulares y artículos.

Porque todos metemos el PIN al conectar el teléfono, pero casi nadie sabe qué significa (Personal Identification Number). Este activa la tarjeta SIM, que me juego con ustedes una cena a que no sabían que es el Subscriber Identity Module (módulo de identificación del suscriptor), y luego le mandamos un SMS (Short Message Service) a nuestro cuñado para tomar un café. Casi todas las siglas que utilizamos diariamente vienen de la lengua inglesa, lo cual hace que directamente no sepamos lo que decimos. O más correctamente, sabemos qué decimos pero no lo que significa. Tenemos coches con ABS, ESP y GPS, televisores LED o LCD que son HD y leen MP3, WMV y DIVX, ADSL en casa, nuestra IP, una PDA y un PC con su CPU, WIFI en el hipermercado, jugamos al GTA en la PSP, compramos ropa en MNG y SPF y nos encanta la NBA, OT, GH (lástima de CNN), SLQH, DEC y CQC. Vale, a mí me parece OK. Y a CR7 también.

Lo que me molesta mucho es que usen estos días en los diarios, a vueltas con los bancos, las siglas EBIT y EBITDA sin molestarse en muchos casos en siquiera traducirlo o explicarlo. No creo que un lector medio comprenda “Tal banco presenta su EBIT de 2014 con un ligero aumento del 0.4%”. Porque un ciudadano medio no tiene por qué saber que EBIT significa “Earnings Before Interests and Taxes ”o EBITDA “Earnings Before Interests, Taxes, Depreciation and Amortization”, cuando además puedes decir directamente ganancias o beneficios antes de intereses e impuestos, opción que por cierto sube el nivel de comprensión del lector a límites insospechados. Porque yo entiendo que queda muy moderno usar siglas americanas, y que el inglés acaba copando todo el lenguaje técnico
financiero y de negocios, pues es el idioma universal para los mismos, pero también entiendo que un diario, un noticiero o un programa informativo ha de intentar llegar a los máximos oyentes, lectores o televidentes posibles y hacerse comprender por todos ellos, cosa que el uso y abuso indiscriminado de siglas en ocasiones dificulta.

Felipe S. G.

23 de octubre de 2017

Ciberlenguaje provisional

Internet está aportando supuestamente un caudal léxico impresionante. Pero nos hallamos de nuevo ante un espejismo. Que también cuenta con antecedentes. El ciberlenguaje ha entrado con los avances tecnológicos y con una brutal influencia del inglés: se plantean pésimas traducciones y adaptaciones (bajar, cuando lo que se baja no deja de estar donde estaba, sino que se duplica; archivo o fichero, cuando se trata de un único documento y no de un lugar donde se ordenan varios...); una amplia adopción de barbarismos (los inútiles hardware y software, que imagino se sustituirán paulatinamente por aparato —o por ordenador y computadora— y programas, con analogía en el continente y el contenido de los televisores: televisor o aparato; y programas o programación), y la cursi afectación de modismos clonados que arrinconan mejores fórmulas de nuestro idioma (comando en vez de orden; en tiempo real en vez de inmediato, al instante, simultáneo o simultáneamente; clicar o cliquear en lugar de pulsar...). Pero así ha sucedido ya en otros ámbitos, y la experiencia muestra que el idioma español se defiende finalmente de esos intrusos aportando sus propias palabras y adoptando para el lenguaje común determinados vocablos eficaces y algunos tecnicismos que el pueblo alcanza a entender. El resto desaparece. (...)

Internet y todo el mundo nuevo de la informática están creando, es cierto, un vocabulario especializado. Sin embargo, nos encontramos ante una situación que también conocíamos. El fútbol, inventado en Inglaterra, nos trajo una jerga que incluía en su tiempo palabras como referee, goalkeaper, linier, offside, manager, shoot, dribbling…; que luego se quedaron en árbitro, portero, juez de línea en España y abanderado en México, fuera de juego en España y fuera de lugar en otros países hispanos, secretario técnico, disparo o lanzamiento y regate. Y el viejo plongeon se dice ahora tirarse a la piscina (si se pretende simular una falta) o estirada y palomita (si se trata de una acción del guardameta). La palabra football era traducible, por supuesto; pero balompié no tenía una existencia anterior a football. En cambio, sí existían portero, delantero, defensa... y a causa de eso no prosperaron las fórmulas foráneas. En el caso de la informática, mensaje es anterior a mail, enlace precede a link y conectar y enchufar se conocen antes que plugin. Y, por supuesto, el prefijo griego ciber cumple con ventaja (y con más antigüedad) el papel de la raquítica e que en inglés (menos rico que el español en estos prefijos, infijos y sufijos) sirve para abreviar el concepto electrónico. Por eso podemos decir cibermensaje, cibercorreo, ciberdirección, ciberbuzón (términos éstos que un norteamericano común no sabría diferenciar, pues en todos los casos diría e-mail) o cibercafé, ciberforo y cibercharla. Bastará que ciertos hablantes de prestigio o algún medio de comunicación acudan a estas fórmulas para que los usuarios del español reconozcan en ellas los auténticos genes de su lengua y se olviden de las clonaciones del inglés para acudir así a sus propios cromosomas, con los que sin duda se sentirán más cómodos porque se adaptarán mejor a su pensamiento y al perfume de las palabras heredadas.

Álex Grijelmo
Ciberlenguaje provisional

II Congreso de la Lengua española. Zacatecas (México)

(Puedes leer la ponencia completa aquí)

3 de octubre de 2017

La tienda de palabras

"Durante un rato me paseé por la historia del presente siglo a través de las palabras como en esos documentos de imágenes de archivo que ponen en televisión. Abrí el fichero de los años cuarenta. Allí estaban: guerra, totalitarismo, confinamiento, invasión, sirenas, victoria y también sangre, valor, resistencia. En los cincuenta encontré palabras como pacificación, reconstrucción, protones, nuclear, fisión, restaurar, vacaciones. En la década de los sesenta: píldora, masificación, planificación, pornografía y beatlemanía. En la de los setenta: tercermundista, demografía, hambruna, drogadicto, informático.
-El de los noventa -me interrumpió Matías- todavía no lo tengo terminado. De hecho casi todas las semanas guardo alguna palabra. En el último cajón encontré algunas conocidas, recientes, acabadas a flor de cuño como las monedas: sida, globalización, eurodolar, estrés.
-Es un trabajo de arqueología. Desenterramos las palabras de sus yacimientos (libros, periódicos, revistas) y nos cuentan cómo eran y qué pensaban los hombres y mujeres que las utiilizaban: cómo se llamaban las máquinas que usaban, qué ropa vestían y lo que ocurría. ¿Le suenan polisón, miriñaque, velocípedo?
-Sí, me suenan; pero tengo dudas respecto a lo que significan.
-Y jamás las habrá utilizado. Son palabras que han desaparecido."

Jesús Marchamalo: La tienda de palabras (1999)